
A veces ocurre que crees que estás sólo. Que a nadie le puede ocurrir lo que está pasando a ti. A veces lo que te rodea te aísla de aquellos que se sienten igual que tú. Suele pasar que al mismo tiempo que sientes que no hay ninguna figura de referencia en la que apoyarte, otros se sienten igual. Es la misma historia de soledad, desorientación y de desencuentro con uno mismo que todos hemos pasado. Ese desencuentro con uno mismo que el hombre está condenado a repetir. Los detalles suelen ser diferentes, pero el sentimiento es el mismo.
Algunas de estas historias, algunas de estas vidas las cuenta Eduardo García escritor dominicano afincado en Madrid, en su última novela, Este amor que hay que callar. Ambientada en la ciudad de Santo Domingo cuenta las historias cruzadas de Adolfo, Abussadora y Bernardo. Después de tres novelas oscuras e inquietantes (Feliz cumpleaños te quiero, Días felices y Adagio) Eduardo García aterriza en España con esta novela coral, sincera y tierna, que sin alejarse de la dura realidad nos acerca unos personajes que sufren, siente y padecen, pero que también sueñan, desean y consiguen. Personajes que, en la mayoría de las veces tienes que salir de sus casas, de su ciudad y de su entorno para poder vivir la vida como la sienten. Personajes exiliados de sus cuerpos, de si mismos y sus deseos. Y como decorado de fondo un Santo Domingo hostil y con claroscuros.
“Dicen que nunca es más oscuro que cuando va a amanecer.”, afirma, en esta novela, Adolfo. Sin embargo conforme se avanza en la lectura se descubre que incluso el día más soleado puede ser oscuro, que nunca hay que rendirse a la evidencia, que después del día viene la noche y que este ciclo se repite miles de veces y sin parar a lo largo de nuestra vida. Las historias pueden acabar bien y la oscuridad y el amanecer vienen y van sin cesar. Aunque lo contrario (signifique lo que signifique) también es posible.
Eduardo García se sitúa con esta novela como un autor consolidado en la estela dejada por autores como el peruano Jaime Bayly y el chileno Jorge Marchant Lazcano.

